M: ¿Amor? (Llamé pero ella no atendió. Abrí la puerta y
caminé adentro notando que faltaban muchas cosas, entre ella su mochila y
varias de sus cosas más importantes) ¡Mierda, Mierda, Mierda!
Salí corriendo de la habitación y bajé las escaleras corriendo
hacia la puerta de afuera, ahí me encontré con el teléfono de ella estrellado
contra la puerta que tenía un punto marcado del impacto que, al parecer, dio
con el teléfono. Lo miré y la pantalla estaba destrozada y la tapa partida a la
mitad.
Solté el teléfono y corrí hacia todos lados, pero nadie
estaba, ella… Desapareció y ni su teléfono llevo. El miedo se aparece por mi
vida, miedo de quizá… No volver a verla más…
*Narra
Jazmín*
J: Ella… (Murmuré sintiendo como mi garganta se anudaba
una vez más) ¡Ella también me odia! (Razoné con dolor. Manuel intentó abrazarme
pero lo frené) ¡DEJAME! ¿NO VES QUE SOY UNA PERRA?
Le grité en la cara, ¿él no notaba lo que sucedía? Perdí
a todo lo único que tenía y ya ahora no tenía nada… La cagué y esta vez la cagué
de verdad.
Corrí hacia mi habitación y luego de ver esas asquerosas
sábanas comencé a tomar mis cosas deseando que Manuel no apareciera así poder
irme lo más rápido que pueda. Tomé todas mis cosas, lo poco que tenía, lo poco
que pude conservar y salí corriendo de la habitación, bajé por las escaleras y
miré el mate…
J: Si tan solo la hubieses entretenido un poquitito más…
(Lloré) Ella me seguiría amando justo ahora…
Noté el lavarropas abierto, el jabón en polvo preparado
para usar y el suavizante ¡Ella iba a lavar la ropa! ¡Y quería cambiar mis
sábanas!
Ella ¿Qué se iba a imaginar encontrarse con semejante
cosa? Ella no tiene la culpa, la culpa es mía, por ser tan perra… por ser tan
puta.
Acaricié el mate con el cuero de flores que Manu le había
regalado para su cumpleaños pasado y caminé hacia la puerta. Me paré y miré la
casa por última vez, es preciosa, como todo en ella… La voy a extrañar… Y a
papá. A Manu lo amo demasiado, pero ya no creo poder volver a verlo a los ojos…
Salí por la puerta y tomé el teléfono entre mis manos.
Observé el fondo de pantalla que era una foto de ella y yo juntas sonriendo.
Lloré mientras el recuerdo de sus manos estrellándose en mis mejillas, su
mirada de odio venía a mi mente. La furia tomó mi cuerpo y estrellé el maldito
teléfono contra la puerta de madera. Abrí el portón negro y salí de esa casa, y
quizá… Para no volver jamás.
~~~
Corrí con todas mis ganas hasta llegar a la casa de
Daniela, pero al estar frente a su casa recordé que ella no me querría ayudar…
¿Quién ayudaría a una puta arrastrada como yo?
Recordé mi casa. La casa de mis padres, el barrio en el
crecí y a mis abuelas. Mi abuela Genoveva ansiaba mucho verme, yo la esquivé
durante meses, quizá si voy…
Vi llegar un taxi y subí, tenía plata, la plata que estaba
ahorrando para si veía algo lindo y muy caro que comprar para el cumpleaños de
Sebas, pero ya es tarde, el también va a odiarme. Paré el taxi y me subí para
ir constitución.
Al llegar, me bajé y tomé el tren que me llevaba hacia mi
barrio. Cuando subí al tren estaba casi vacío, claro domingo al mediodía. Me
senté y apoyé mi cabeza en la ventanilla tratando de descansar, mi cuello se
sintió presionado y sentí que mi cadenita con el escudo de boca llamaba mi
atención. La tomé entre mis dedos y le di un pequeño beso mientras acariciaba
el escudito y las lágrimas me arrasaban.
¿Cómo todo cambio de hermoso e increíble a horrible y
desesperante en tan solo de la noche a la mañana? ¿Cómo es posible? Perdí todo
lo que más amaba… Una vez más…
Cuando me bajé, me tomé el colectivo y rápidamente
emprendí camino hasta llegar.
Finalmente, luego de tres horas de viaje, estaba acá. Sin
haber comido nada y sin notar que estaba a punto de morir de angustia. Me
tragué mi nudo y reprimí mis lágrimas para ingresar abriendo la reja. Abrí la
otra y caminé hacia la puerta del costado. Abrí esa puerta que hacía muchos
meses no abría y ahí se encontraba ella. Su cabello era de un color ciruela,
sus ropas de entre casa, sus hermosas manos se mojaban con el agua al instante
en el que se dio vueltas.
G: ¿Jazmín? ¿Hija sos vos? (Comencé a llorar al instante
en el que tiraba mi mochila y la abrazaba)
J: Si abuelita soy yo. (Sollocé. Me siento tan culpable,
tendría que haberla venido a ver mucho antes…)
G: Oh preciosa, ya sos toda una mujercita… (Se sonrió
emocionada) Extrañé verte, fuiste muy mala al no haberme venido a visitar… (Se
quejó y la presioné más a mi abrazo)
J: Lo siento mucho abuela. Te juro que no va a volver a
suceder… (Ella sonrió)
G: ¿Ya te peleaste con tu tutora? (Me puse rígida y ella
se apartó con suavidad para mirarme) ¿Qué paso nena? ¿Ella hizo algo? O ese
chico con el que ella sale… Estaban, Sebastián… ¿Cómo es? (Me sonreí)
J: Sebastián. (Ella asintió) No, no el no hizo nada.
G: ¿Entonces?
Me puse mal pero decidí no volver a mentir y le conté
toda la verdad. Mientras me hacía un té y trataba de tranquilizarme.
Finalmente, luego de ambas haberlo digerido, ella habló.
G: ¿Entonces? (Me miró y yo hice igual) ¿Pensas quedarte?
Porque sabes que tu abuelo y yo no tenemos problemas… (Asentí)
J: Ella me odia. Ya no va a querer volver a verme… Asique
solo, sí. Me quedo acá.
G: ¡Vamos a comer muy rico esta noche! (Dijo ella y me
abrazó)
***
*Narra
Manuel*
Luego de haber buscado por todos lados, y de haber revisado
la memoria de su teléfono, de haber ido con Sebastián a más de diez lugares que
ella conoce en Haedo, y de haber hablado con Daniela; nada encontramos.
M: ¡Mierda y más Mierda! (Grité pateando todo en mi
habitación) ¡TODO UNA MIERDA! (Volví a gritar hasta que oí que se abría la
puerta de mi habitación)
C: Manu, hijo yo… (Decía llorando, estaba mal, pero ella
ahora no me importaba)
M: Tomatelas antes de que diga cosas que no quiero…
S: Manu no le hables así a tu madre.
M: ¡Vos no viste como
le habló a Jazmín! (Los miré a ambos)
CONTINUARÁ...
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