domingo, 2 de febrero de 2014

Cap. 41° (Espera Desesperada)

Finalmente cuando me di cuenta había corrido ante ella para tomarla en mis brazos saliendo de ese asqueroso baño y besando su frente la dejaba sobre el sillón y lloraba su silencio. Yo sabía que estaba mal y no dije nada. Soy un idiota.
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La ambulancia se la llevaba con mamá dentro y Sebastián me retenía para no correr detrás de ellas.
S: ¡Tranquilizate!
M: Es que si le pasa algo yo…
 S: No le va a pasar nada, si hay algo que parece haber heredado de tu madre, es la fuerza que lleva por dentro. Vamos dale.
Lo miré aún en estado de shock mientras me ayudaba a subir al coche.
Todo el viaje la pensé sonriendo, ella su sonrisa, ella se va y yo me muero. De solo pensarlo se me oprime el pecho y cuando me doy cuenta estaba llorando. Llorando por ella, jamás pensé que iba a ser tan importante para mí. Es tan única en cualquier aspecto, tan parecida a mamá, tan alegre y ordenada. No me imagino la vida sin ella, no me imagino Mi vida sin ella.
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Llegamos a la clínica, y Sebas corrió hasta el mostrador en donde preguntó sobre Jaz. Una mujer con uniforme nos dijo que ella había ingresado hacía quince minutos y que se la veía grave.
Sentí como se me subía la bilis del estómago a la garganta de solo escuchar lo que decía.
[Ya que Jazmín se encontraba en estado inconsciente, y Manuel en estado de shock, esta parte de la historia la va a narrar Carina]
*Narra Carina*
Mi nena, mi Jazmín estaba en esa cama, adormecida, con suero. ¿Por qué? ¿Por qué se le hace todo tan difícil a una criatura tan buena como ella? Si solo es una simple nena que apenas tiene sus trece añitos.
Tuvo que vivir y más que eso, soportar, muchísimas injusticias que personitas como ella no tiene porque sufrir; pero por suerte se apareció en mi camino y yo pude rescatarla de toda esa mierda que la perseguía  ¿Y ahora nos pasa esto?
Solo nos queda esperar, tras tantos días de quejas y de darnos cuenta que algo le sucedía, nos queda esperar… Aún me sigo culpando por no haberla obligado a ir al médico cuando podía evitar todo esto. Yo sabía que tenía que llevarla, algo por dentro me lo decía. Mi chiquita está metida en un mugriento hoyo negro que quiere hacer de su vida miserable, cosa que no voy a permitir que pase.
Llegaron Manuel y Sebastián por el corredizo.
M: ¡Ma!
Me logró gritar Manuel de lejos. Se acercó rápidamente y se me aferró en un abrazo muy necesitado. Pobrecito mi bebe, él es uno de los que sufre en toda esta historia.
M: ¿No sabes nada de ella ma?
C: No amor. Hay que esperar a que la examinen, y que encuentren que es lo que le sucede.
M: Hace mucho que le dolía la panza, y yo no dije nada, soy un idiota, todo esto es culpa mía…
S: Nooo Manu…
C: No hijo, no es tu culpa. Esto sucedió porque tenía que suceder, como todas las cosas.
Le dije tratando de darle algún consuelo, ya que no me imagino lo que debe sentir, pero yo siento algo profundo que me presiona el pecho y me anuda la garganta de una manera horrible.
~~~
Pasó el tiempo y finalmente apareció un profesional quien llamaba por mi apellido.
Dr: ¡Zampini!
C: Yo, yo Doctor.
S: ¡Nosotros!
M: ¿Cómo esta ella? ¿Está bien?
Preguntaba mi hijo muy preocupado. El Doctor lo miró con ambos ojos preocupados y terminó.
Dr: Ella… Está estable, si.
C: Pero…? (Dije viendo que no me contaba todo)
Dr: Pero encontramos que es lo que la hacía adelgazar. Ella tiene una gastroenteritis aguda. Por eso la pérdida de peso, sus pérdida de apetito e intolerancia a toda comida. Su estómago está sensible, demasiado.
M: ¿Y que con eso? ¿Por qué tiene que estar acá? ¿SI solo es el estómago?
C: Eso es una infección Manu, ella está grave, es… Grave (Pude terminar de decir) Y… ¿Va a quedar internada?
Dr: Y… se recomienda eso. Sus nauseas son, obviamente constantes, no puede pasar ni una gota de agua. Le estuvo elevando fiebre muy alta. La verdad es que podría llevársela, pero, le recomiendo que es mejor que ella se quede acá, vamos a poder tenerla controlada a toda hora, realmente esto se le evolucionó demasiado como para que ella haya perdido el conocimiento.
Mi vida se caía desde un piso 20. Me sentía angustiada y culpable, yo le prometí a ella que no volvería a sufrir, y no puedo terminar con toda la mierda que la rodea. Realmente no merezco todo lo que ella hizo por mí hoy. Siento como Sebas amarra sus brazos sobre mis hombros, y entiendo que es porque mi cara se siente empapada.
C: Y… ¿Puedo verla? ¿Puedo estar con ella?
Dr: Por supuesto, necesitamos mucho de su apoyo. Usted tiene que estar con ella, sus familiares, sus más allegados. Ella tiene que quedarse acá hasta que vuelva a recobrar su peso normal a su edad. ¿Una duda?
C: Si…?
Dr: ¿Tuvo problemas alimenticios alguna vez?
C: Si, ella sufría trastorno alimenticio. Llegó a pisar el suelo de la anorexia. Fue horrible y jamás le dije que eso es lo que tenía.
Dr: Eso explica muchas cosas. La falta de nutrientes, vitaminas. Ella quedó débil, expuesta y por eso reaccionó tan mal ante la enfermedad. La tomó en su tiempo de recuperación ¿o no?
C: Yo la creía ya estable. Pero si debíamos ir una vez al mes a la nutricionista para controlarla.
S: Por dios… ¿Fue cuando, la trajiste a casa?
C: Si.
M: ¿Anorexia?
Mi Manuel, preguntó con los ojitos abrillantados y la mirada pesada. Hace seis horas que los tres estamos acá. Esta muy cansado.
M: Ella con anorexia ¿y yo tratado de echarla de casa?
C: Hay Manuel, eso pasó hace mucho hijo, no la conocías.
M: Soy un desastre.
C: Va a ser mejor que lo lleves a casa. (Murmuro para Sebastián quien me asiente)
S: ¿Vamos Manu?
M: ¡No! ¿A dónde queres ir?
S: A casa. Vamos así descansas. ¿Dale?
M: No, no, no…
C: Manu, Manu. No podés quedarte, solo se puede quedar una persona con ella, y te aseguro que yo soy la única que puede. ¿No doctor? (Hice una cara tras la espalda de mi hijo y el hombre respondió)
Dr: Realmente son las reglas de la clínica.
M: Ok. ¿Pero puedo volver mañana no?
C: Por supuesto que volves mañana.
M: Gracias ma… ¿Antes no puedo verla?
C: No, yo no lo sé. (Miré al Doctor y el asintió)
M: Gracias.
Ví como se asomaba a la habitación en donde ella se encontraba.
*Narra Manuel*

CONTINUARÁ...

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